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ÉTICA PROFESIONAL DEL EMBRIÓLOGO CLÍNICO EN LOS PROGRAMAS DE REPRODUCCIÓN ASISTIDA

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Ma Carmen Gonzalvo, Ana Clavero, Antonio Garrido, María Sánchez, Sonia Calderón, Ana Sánchez, Ana Gallego, Marta Pérez, José Antonio Castilla.
U. Reproducción, HU Virgen de las Nieves, Granada.

Publicado en la revista 11 de diciembre de 2006.

En esta ocasión queremos comenzar agradeciendo la alta participación de nuestros socios/as en este Debate tan apasionante sobre "La ética en los tratamientos de Reproducción Asistida". Esperamos que en los siguientes números todos os vayáis animando a colaborar.

Por Ética se entiende aquella “ciencia que estudia la bondad o maldad de los actos humanos” y por profesión “la actividad personal, puesta de una manera estable y honrada al servicio de los demás y en beneficio propio, a impulsos de la propia vocación y con la dignidad que corresponde a la persona humana”.

El embriólogo clínico ocupa una posición que le confiere deberes y derechos especiales, que emanan de las definiciones anteriores. Así, y dado que dentro de la finalidad de su profesión se encuentra el bien común, la capacitación que se requiere para ejercer este trabajo, está siempre orientada a un mejor rendimiento dentro de las actividades especializadas para el beneficio de la sociedad. Sin este horizonte y finalidad, nuestra profesión se convertiría en un medio de lucro o de honor, o simplemente, en el instrumento de la degradación moral del propio sujeto.

Un embriólogo debe tener una preparación especial en triple sentido: capacidad intelectual, capacidad moral y capacidad física. La capacidad intelectual consiste en el conjunto de conocimientos que dentro de su profesión, lo hacen apto para desarrollar trabajos especializados. Estos conocimientos se adquieren básicamente durante la licenciatura y posterior especialización, pero se deben actualizar mediante una adecuada formación continuada. Dentro de estos conocimientos hablamos no solo de científicos y técnicos, sino también en materia de seguridad biológica y laboral. Aunque la gestión y organización de la salud y seguridad en el medio laboral recae fundamentalmente en el empresario, el éxito en la implantación de cualquier acción en este sentido precisa de la intervención de los trabajadores, en este caso del embriólogo. La capacidad moral es el valor del profesional como persona, lo cual dota de dignidad, seriedad y nobleza a su trabajo, digna del aprecio de todo el que encuentra. Abarca no sólo la honestidad en el trato, sino también en el sentido de responsabilidad en el cumplimiento de lo pactado. Y por último, la capacidad física se refiere principalmente a la salud y a las cualidades corpóreas, que siempre es necesario cultivar, como buenos instrumentos de la actividad humana.

Otras obligaciones profesionales serían: de información, obteniendo el consentimiento informado (CI) y emitiendo informes y certificados; y de confidencialidad, acreditando una correcta cadena de custodia. En cuanto a la obligación de resultados que se considera en otros niveles de la asistencia sanitaria (cirugía estética) hay que aclarar que cada día se contempla con más frecuencia esta obligación de resultado sobre todo en aquellas actividades profesionales en las que el deber de diligencia exigible es superior en razón de la especialidad médica que se realiza, como puede ser el caso de técnicas diagnósticas (por ejemplo: análisis de semen) de cuyo resultado e interpretación posterior pueden derivarse importantes repercusiones diagnósticas y terapéuticas.

Por otra parte, otra finalidad del ejercicio profesional es el beneficio propio. En muchos tratados de ética profesional no se insiste en este beneficio porque en general todo el mundo se decanta por naturaleza a la consideración de su provecho personal.

Pero en el caso del embriólogo clínico no está de mas recordar el sacrificio que entraña nuestra profesión, debido a los horarios en festivos y fines de semana, o la alta responsabilidad que se adquieren en la técnicas de reproducción asistida. Nuestra profesión también gracias a esos mismos trabajos, deja, al final de cuentas, una de las satisfacciones más profundas.

Por último, creemos que cualquier profesional debe ser solidario, propiciando la asociación de los miembros de su especialidad. La solidaridad es uno de los medios más eficaces para incrementar la calidad del nivel intelectual y moral de los asociados.

El embriólogo debe actuar según la moral establecida, por lo que debe evitar defender causas injustas, usar sus conocimientos como instrumento de crimen y del vicio, producir artículos o dar servicios de mala calidad, proporcionar informes falsos, etc.

Un embriólogo que actúe según lo comentado anteriormente generará confianza y prestigio, que a su vez serán estímulos que lo impulsarán en el recto ejercicio de su profesión.

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